
Me llamo Carmen, pero entre los amigos soy Carmeta, como se llamaba la abuela. Nací de una cesárea muy complicada en la calle Herzegovina de Barcelona, pero tan pronto mamá se recuperó, ya fuimos a casa, en un pueblo pequeño del Baix Penedès, bañado por el mar. Vivíamos en una casa de pescadores, frente a la playa, y recuerdo que de pequeña, al salir de la escuela, siempre jugaba entre las barcas de pesca y las redes de las mujeres remendadoras. Hasta los diez años fui a la escuela rural-marítima de niñas, con la Señorita Pascuala. Después me pusieron interna en Vilanova para hacer el Bachillerato elemental, y al terminar 4º, me compraron una Vespino y ya fui a hacer el superior y el COU al Institut del Vendrell. ¡Fue toda una aventura, la primera moto, que dibujó mi juventud! Una de las cosas que más recuerdo de mi infancia es cuando muchos domingos nos reuníamos toda la familia, debajo del algarrobo de la viña del abuelo Juan, a hacer el arroz. Después de comer íbamos a buscar regaliz y nos sentábamos a charlar, hasta que el sol se fundía entre las olas y las conchas de la playa.
Así lo recuerdo. Penedès arriba y abajo, siempre rodeada de olivos, viñedos, almendros, campos de cerezas floridos, barcas, mar y cielos llenos de azules, un grupo de amistades divertidas, muchas inquietudes culturales y una excelente familia que nos cuidaba, y al mismo tiempo nos daba la libertad y la tranquilidad. Desde siempre me había considerado una tía orgullosa de dos chicos muy espabilados, al igual que dos hijos que he visto crecer desde los diez años hasta hoy. Pero ahora, además, tengo el gozo de ser abuela de Núria. Y me doy cuenta de que ser abuela es mágico, una aventura llena de misterios por descubrir y de emociones que nunca hubiera imaginado.

Cuando era pequeña tenía un muñeco, llamado Jaume, como mi abuelo, que habían matado en 1939 en la Guerra Civil. Luego, le pusimos ese mismo nombre a mi hermano cuando nació. La otra fotografía, saltando a la rayuela —en mi pueblo también la llaman "el palet"—, era mi juego preferido. Un juego tradicional y muy popular en Cataluña, que he enseñado a jugar a muchas criaturas. Un juego en el que no sólo interviene el factor de la suerte, sino también el ingenio, el equilibrio, la precisión, la conciencia corporal, la impulsividad, las normas, así como la creatividad y la imaginación, aspectos que no podemos prescindir de que nos acompañen.
Un sitio que me hace sentir bien: en el estudio de casa, entre libros y naturaleza
Una fiesta que me trae buenos recuerdos: una comida del domingo en la Masía de Cal Xatet en la que estábamos todos
Una afición para el tiempo libre: la fotografía y la cerámica
Una canción que me gusta escuchar: Una nube blanca de Lluis Llach, cantada por Noemí
Una película: dos, “El Club del poetas muertos” y “Los Chicos del Coro”
¿En qué has ocupado tu vida?
Estudié para maestra entre Tarragona y Barcelona, y después de trabajar en una escuela del barrio de Sant Cosme del Prat y de aprobar las oposiciones, ya me destinaron a un pueblecito idílico rodeado de viñedos del Alt Penedès. Aunque mi deseo —¡y siempre pienso que algún día todavía lo haré!—, era estudiar Bellas Artes. En el ámbito profesional no puedo quejarme de nada, porque he disfrutado de poder enseñar a leer y escribir a muchos niños, y eso les ha ayudado tanto a ellos como a mí misma a abrir la imaginación y a vivir para aprender de todo en cada momento. El oficio de enseñar y aprender es un oficio en el que la estimación tiene un papel fundamental. Un oficio artesano donde cada uno es muy diferente al otro, y merece un trato del todo personal y personalizado. Esto siempre ha sido mi finalidad como educadora, y lo he defendido firmemente desde el aula, desde el centro y desde las políticas educativas del gobierno del país.
¿Cómo has vivido los cambios sociales y culturales?
Aunque el mundo ha realizado mil cambios en estos últimos sesenta años, he tenido la suerte de poder estudiar de forma continuada toda la vida. Aún ahora me dedico básicamente a aprender humildemente de todo, sobre todo del escribir y del pintar, actividades que hago a diario con la misma necesidad que el descansar. Soy una enamorada de los libros, de las libretas y de las plumas estilográficas, de las papelerías y de las librerías. Me atrevo a decir que en casa, nuestra familia es como si viviéramos dentro de una biblioteca. También me gusta conversar ratos largos con la gente amiga, acompañada de una buena copa de vino tinto de nuestra tierra.
.jpg)
" Soy una enamorada de los libros, las libretas y las plumas estilográficas,
de las papelerías y de las librerías
Uno de los cambios que me ha gustado vivir y ver es todo el proceso, desde el conocimiento de la tecnología hasta la inteligencia artificial. Para mí ha sido un descubrimiento, una nueva mirada de la vida que me ha permitido conocer nuevos valores, y que me ha abierto y me abre todos los días nuevos aprendizajes llenos de una sabiduría diferente a las demás, pero que me emociona tanto como las mismas letras o los pinceles.
¿Qué crees que era mejor años atrás?
Me gusta comprobar que, a pesar de los inventos y facilidades que tenemos para vivir con un respetable bienestar, muchos de los niños, adolescentes y juventud que tengo la suerte de tener cerca, crecen con un criterio claro y consistente sobre los valores humanos y una conciencia social e inclusiva admirable. Vivir y transmitir valores como la solidaridad, el respeto y la ayuda mutua, así como la bondad hacia los demás, son todavía hoy de gran importancia. Aunque a muchos de ellos se les come la rapidez del tiempo, pienso que debemos saber diseñar espacios para ayudar a recuperar tiempo de escucha, de diálogo, de ayuda mutua, de conversaciones en familia, todos ellos tesoros que necesitamos proteger, defender y salvaguardar.

Me gusta mirar y estar cerca del mar. Un mar que siempre me ha acompañado y que cada día muestra una cara distinta. Distraerse mirando el mar me lleva hacia el recuerdo de las cosas más bonitas y agradables que he vivido.
¿Y ahora qué?
Cuando la vida te ha golpeado en diferentes ocasiones, sea por enfermedades o por muertes de gente que quieres, y ves que te vas haciendo mayor, el hecho de estar bien acompañada y sentirte una persona amada y que ama, son ideales fundamentales que te dan la placidez de seguir avanzando por buen camino. Y si miro atrás y lo pienso, quizá lo más placentero es haber experimentado la gran suerte de haber dado a los demás todo lo que he sabido. Vivir de forma empática, amable y en positivo me hace sentir con calma conmigo misma, y contenta de saber que todavía puedo compartir historias e ir dando pasos para celebrar dulcemente que, por ahora, los años no se detienen, y eso es un gran qué. Soy básicamente una persona agradecida con todo lo que me ha dado la vida, y feliz de haber acertado de lleno con la familia que tengo y de ver cómo Núria se ríe y la simpatía que desprende, y eso todavía me contagia el gozo y el deseo de continuar compartiendo, con los de casa y con los amigos, palabras, miradas, cariño y esperanzas….
Un núvol blanc | Lluis Llach
El club de los poetas muertos | Peter Weir
Los chicos del coro | Christophe Barratier