
Nací en Bellvís, en el Pla d'Urgell, Lleida, el 18 de marzo de 1913, es decir, que tengo 112 años, y soy la persona mayor de Cataluña y de España. Soy la quinta de siete hermanos. Mi padre murió cuando tenía tres años en un accidente, y mi madre, con coraje, decidió trasladar la familia a Barcelona para buscar nuevos medios de vida. He vivido en mi propio piso, hasta que una caída me provocó una fractura en el fémur, momento a partir del cual fui a vivir con mi hija. Ahora vivo en el Eixample, con mi hija, mi nieta y mi bisnieto. Cuatro generaciones.
Un lugar que me hace sentir bien: contemplar la Font Màgica de Montjuïc
Una fiesta que me trae buenos recuerdos: la verbena de San Juan
Una afición para el tiempo libre: cocinar y hacer ganchillo
Una canción que me gusta escuchar: La Santa Espina
Una película: La gata sobre el tejado de zinc

Cuatro generaciones
¿En qué has ocupado tu vida?
De pequeña estudié en una escuela dirigida por religiosas, donde aprendí a leer, a escribir y también a coser. Cuando tuve edad suficiente, entré como aprendiz de una modista, y también trabajé de corbatera en la sastrería “Vehils Vidal”, confeccionando corbatas. Durante la Guerra Civil, la vida fue dura. Yo tenía diecisiete años, y por la noche teníamos que ir a hacer cola para pedir comida. Cuando podía, cogía la maleta e iba a la estación de Francia para dirigirme al pueblo. Allí comían, en Barcelona, nada. Iba al pueblo, me llenaba la maleta de comida y volvía. Fueron tres años terribles. Mientras, mi futuro marido, Josep Martí, estuvo destinado en el servicio militar. Nos casamos después de la guerra, en 1942, y tuvimos una hija a la que llamamos Mercè. Mi marido murió cuando yo tenía sesenta y un años y tuve que continuar con independencia y fortaleza. Con todo, mis ocupaciones y aprendizajes exigieron constancia y un oficio humilde, pero esencial en mi época.
¿Cómo has vivido los cambios sociales y culturales?
He contemplado muchos cambios a lo largo de mi vida, sobre todo en lo que se refiere a la posición de la mujer. Cuando era jovencita, las mujeres estaban a menudo destinadas a casarse y tener hijos, con poca libertad para decidir su camino. Hoy veo que las niñas pueden estudiar, viajar, trabajar y triunfar en campos que antes eran impensables. Hay todavía desigualdades, sobre todo en salarios, en representación y en cargos de liderazgo, pero creo que se ha avanzado mucho. Hoy las mujeres tienen voz, derechos y oportunidades. Quizás todavía nos queda mucho camino por recorrer, pero ya no somos invisibles. También he visto cambios en costumbres sociales, tecnologías, movilidad y comunicación.
" A las mujeres todavía nos queda mucho camino por recorrer,
pero ya no somos invisibles
¿Qué crees que era mejor años atrás?
Creo que valores como la honestidad, el respeto, la solidaridad y la humildad nadie debe perderlos nunca. Cuando yo era joven, las relaciones eran más cercanas, la gente del barrio se conocía y había apoyo mutuo entre vecinos. Barcelona era como un pueblo. Había mucha hermandad. Recuerdo jugar mucho con las amigas por la calle. Hoy, esto es impensable. Hoy parece que el individualismo crece. Valoro apreciar lo que tenemos, no esperar grandes cosas materiales para ser feliz. También pienso que es vital ser agradecida, saber dar y ayudar a los demás: estos pequeños gestos construyen comunidades fuertes. La paciencia es otro tesoro, no debemos precipitarnos, sino aprender de los errores y seguir adelante con serenidad. Siento que escuchar, hacer bondad y mantener la dignidad, incluso frente a dificultades, son pilares esenciales de la vida.
" Los pequeños gestos construyen comunidades fuertes

Recuerdo que alrededor de la Sagrada Família todo eran campos. Yo podría decir que casi la vi nacer, y la he visto crecer piedrecita a piedrecita. Nos dijeron que construirían un templo que sería el orgullo de Catalunya y, efectivamente, así fue: ha quedado preciosa.
¿Y ahora qué?
Si miro atrás veo una trayectoria llena de lucha, pequeñas alegrías y resistencia. Gracias a Dios, nunca he estado enferma. Los médicos no han tenido que trabajar mucho conmigo. He tenido algunas cositas, pero nunca vienen médicos a mi casa. Soy consciente de que he tenido la suerte de vivir muchos años pero también he aprendido que la vida no es un camino recto: hay pérdidas y momentos complicados. Me siento orgullosa de no haber dimitido nunca, de haber cuidado a mi familia, de continuar activa siempre que he podido. De todo lo que he vivido, lo que más valoro son los lazos humanos, los ratos de conversación, los pequeños regalos de la amistad y la ayuda. No cambiaría muchas cosas. Quizás hubiera intentado ser menos dura conmigo misma en algunos momentos, pero sé que cada error me ha hecho crecer. Si tengo que dejar un mensaje a las jóvenes de hoy, sería: sed bonitas de corazón, sed fuerte, amad, tened paciencia y no dejeis de soñar.
" Sed bonitas de corazón, sed fuertes, amad,
tened paciencia y no dejeis de soñar
La Santa Espina | Enric Morera
La gata sobre el tejado de zinc | Richard Brooks
El 11 de noviembre de 2025, pocos días después de realizar esta entrevista,
Angelina nos dejó. Sirva de testimonio a una vida larga y llena.

