
Nací en Barcelona, en el Eixample. En la misma escalera que nosotros vivían unos tíos y mis primos, y compartíamos ratos y juegos. Mis abuelos también vivían en el barrio. En Navidad, nos reuníamos toda la familia y se hacía una comida importante y muy tradicional. Recuerdo los veranos en la playa, disfrutando del mar, jugando con mis hermanos y otros niños. De mayor, también recuerdo divertidas tardes bailando y ensayando pasos de “rock and roll”. El verano era alegría. Sin embargo, durante el resto del año, mi día a día era todo ordenado y pautado. Fui educada en el estudio, el esfuerzo, la austeridad y el respeto por las personas distintas, sea por las ideas o por su aspecto. Me casé con 24 años, y tengo dos hijas y seis nietos. Me siento orgullosa de ellos. Las estancias veraniegas y algún viaje que realizamos juntos mantienen nuestros vínculos, y permiten que mis nietos me conozcan mejor.
Un sitio que me hace sentir bien: la playa
Una fiesta que me trae buenos recuerdos: la inauguración de los Juegos Olímpicos
Una afición para el tiempo libre: leer
Una canción que me gusta escuchar: Let it be, de los Beatles
Una película: 2001, Una odisea en el espacio

La casa del Eixample donde nací
¿En qué has ocupado tu vida?
Estudié en un colegio de monjas. Aún mantengo amistad y relación con las compañeras. Alguna vez nos encontramos todas, incluso las que viven lejos. El horario era desde las 8h30 hasta las 19h30, de lunes a sábado, aunque este último día salíamos a las 17h, ¡muy diferente de los horarios actuales! Luego estudié en la Universidad de Barcelona. Ciencias, como toda mi familia. Eran años convulsos, de huelgas y luchas políticas, pero difícilmente se detenían las clases. También muy diferente a lo que sucede ahora. He trabajado en distintos lugares de la Administración Pública. He formado parte de los equipos que, al inicio de la democracia, trabajábamos con ilusión por la mejora de nuestra sociedad. De la ilusión inicial al convencimiento posterior, he actuado siempre con ese compromiso y objetivo. No he tenido ninguna dificultad como mujer, en mi progreso profesional, aunque compaginar trabajo y familia es difícil, costoso y exige mucho esfuerzo adicional. Hoy en día, en el mundo laboral hay más parados, menos oferta y mayor exigencia en cuanto a las habilidades profesionales y tecnológicas; es necesario estar al día. Por otra parte, quienes trabajan tienen más facilidades, menos dedicación, más tiempo para la familia y el entretenimiento... Pero también detecto que muchas veces los sueldos no son suficientes para vivir dignamente.

Primeras elecciones democráticas (1977). Con la llegada de la democracia me incorporé a la Administración
¿Cómo has vivido los cambios sociales y culturales?
Ahora la vida comunitaria es muy distinta. La escalera, el barrio, las calles no son lugar de encuentro o relación entre el vecindario. Los movimientos sociales, las asociaciones vecinales... son más egoístas y sólo luchan por sus deseos o necesidades personales, más que por cuestiones sociales globales, salvo en algunas grandes movilizaciones puntuales por guerras o grandes desgracias. Por el contrario, existe mucha más participación de personas en voluntariados y ayudas sociales. Los jóvenes tienen mucha libertad, son más listos que antes. Se viaja más, y conocer el mundo nos hace más sabios y más conscientes de las ventajas que tenemos. Creo que hoy la brecha más importante no es la de género -disminuida pero vigente- sino la que existe entre personas locales y personas inmigradas. Las mujeres pueden ahora trabajar, decidir en muchos aspectos antes impensables, pero la presión, el ritmo frenético, los horarios, la voluntad de crecer profesionalmente y la dificultad para disponer de vivienda, hacen que la maternidad se retrase a más edad. Éste es un aspecto negativo; el esfuerzo es superior para ella y para toda la familia.
" Hoy la brecha más importante no es la de género,
sino la que existe entre personas locales y personas inmigradas
¿Qué crees que era mejor años atrás?
¿Hace cincuenta años o ahora? Es muy distinto. A escala global, el mundo ha mejorado, por ejemplo en lo que se refiere a las vacunas o a la tecnología. Los avances en los cultivos reducen el hambre, la mortalidad, y también hay menos analfabetismo. Pero hay cambios en la forma de vivir que a los mayores nos cuesta adaptarnos. La vida en las grandes ciudades es más difícil, más anónima. Hoy nos enteramos con mayor facilidad de todos los problemas, de las guerras, las destrucciones, los accidentes climáticos, los enfrentamientos religiosos... Creo que siempre han existido, pero conocerlos nos hace sufrir, nos provoca sensación de incapacidad, de inutilidad y, lo peor de todo, muchas veces cierta reacción de indiferencia. Hemos perdido sensibilidad en comparación con hace cincuenta años. La responsabilidad, el esfuerzo y constancia, la solidaridad, la austeridad, la amabilidad, el optimismo, la amistad... Son valores que considero necesarios. Parecen muchos, pero se complementan.

Un campo de almendros floridos. Este sitio es muy importante emocionalmente para mí. Recuerdo momentos con mi abuela, reuniones familiares, cosechas de almendras capitaneadas por mi padre, que acababan con una gran y divertida comida al aire libre, con amigos... Es parte de mi historia.
¿Y ahora qué?
He sido familiar y profesionalmente una privilegiada. He trabajado muy intensamente y con mucha dedicación, y me siento orgullosa. Quizá debería haber tenido más tiempo para la familia o mis aficiones. Ahora soy más lenta, me esfuerzo por no dejar de hacer cosas, no ceder a la pereza, y también creo que ahora soy más sabía y entiendo cuestiones que antes se me escapaban. Tengo más tiempo para reflexionar. A los jóvenes les aconsejaría que tengan intereses y se esfuercen en desarrollarlos. ¡Ah! ¡Y que cuiden de la familia!
Let it be | Els Beatles
2001, una odisea del espacio | Stanley Kubrick

La inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 me trae buenos recuerdos