
Nací en Bucarest, Rumanía, en 1940, en pleno inicio de la Segunda Guerra Mundial. Tanto mis padres como yo, teníamos nacionalidad italiana, debido a que la familia era el resultado de la migración italiana hacia Rumania, a finales del siglo XIX y el inicio del XX. En casa se hablaba tanto el rumano como el italiano. Mi padre trabajaba en la Embajada de Italia de Rumanía. Los veranos y vacaciones íbamos a Câmpulung, en casa de los abuelos; yo jugaba con mis primos y disfrutaba mucho. Fui hija única hasta los 19 años.
Después de cumplir dos años de escuela primaria pública rumana, para evitar una educación tendenciosa del régimen comunista, mis padres me enviaron, sola, a Italia en el Orient Express, a casa de los abuelos; yo tenía 10 años y todavía me dura el miedo a ese viaje. Allí terminé la escuela primaria, para iniciar el "Liceo" (bachillerato italiano) en Brescia.
Durante mi estancia en Italia, mi padre fue detenido por la Securitate rumana, en 1951, y encarcelado durante 4 años. Mi madre, después de organizar protestas en Rumanía, vino también a reunirse con nosotros. Un día, al inicio del verano, al entrar en la habitación donde estaban los abuelos y mi madre oigo, en la radio: "El ciudadano italiano Eraldo Pintori (mi padre) ha sido condenado a muerte, acusado de ser espía al servicio de los Estados Unidos de América y del Vaticano". Nunca lo olvidaré, y aún lloro al recordarlo.
Con este bagaje, seguí cursando y superando la escuela secundaria, ayudando a mi madre a redactar las denuncias e informes que entregaba al Ministerio de Asuntos Exteriores de Italia sobre la detención y posible "desaparición" de su marido.
" Un día, al inicio del verano, oigo, en la radio: "El ciudadano italiano
Eraldo Pintori (mi padre) ha sido condenado a muerte, acusado de ser espía al servicio de los Estados Unidos de América y del Vaticano". ¡Nunca lo olvidaré!
Pese a todos estos trances, hice buenas amistades con las niñas de la escuela, y con los familiares que teníamos en Brescia, y también con los que vivían muy cerca de la frontera suiza, en Lavena Ponte Tresa, pueblo en el que nació mi padre, y donde mis parientes tenían un pequeño bar restaurante. En este restaurante aprendí a servir el café a los clientes: yo tenía trece años y recuerdo que, por la noche, venían los carabinieri, de la frontera, y después los contrabandistas: ¡y nunca se encontraban! El tabaco, los cigarrillos y el café eran los productos comunes de este comercio no legal entre la rica Suiza y la Italia, todavía resentida de la posguerra.
El 15 de abril de 1955, mi padre fue liberado como prisionero del Estado Rumano y mi madre y yo lo fuimos a recibir a la frontera austríaca, en la estación ferroviaria del paso del Brennero. Durante los cuatro años de captura no hubo ninguna comunicación, ni postal ni telefónica, con la familia, como tampoco ningún suministro de ropa o alimentación, por nuestra parte. Sin embargo, la alegría de recibirlo y abrazarlo nos permitió superar su estado físico deplorable. El padre estaba fuertemente desnutrido y su liberación tuvo un gran impacto mediático.
La recuperación, tanto física como psicológica, fue eficaz y rápida, de tal forma que en septiembre del mismo año, el Ministerio le destinó al Consulado de Italia de Sankt Gallen en Suiza; lo que implicó el traslado de la familia a esta ciudad de la esquina alemana de este país. Este desplazamiento no interrumpió mis estudios, pues yo fui admitida en la escuela internacional, donde sus estudios de la sección italiana eran reconocidos para obtener el grado italiano de secundaria. Allí hice los dos años de Liceo científico, pero mis compañeros de curso no continuaron, y yo era la única estudiante que podía pasar a realizar el último año de secundaria. La dirección de aquel instituto comunicó a mis padres que, para un único alumno, no podían realizar el último año de secundaria italiana, por tanto, la alternativa era volver a Italia a un "Liceo", con el inconveniente de que había que realizar cuatro cursos para acceder al examen correspondiente de Maturitá, en Italia. Ése fue el motivo por el que fui a parar al Liceo Italiano de Barcelona.
Naturalmente mis padres me acompañaron a Barcelona, ciudad desconocida para nosotros y, a través del Consulado General de Italia, fui aceptada y matriculada en el último curso del Liceo Italiano de Barcelona. Pero mi padre, con el fin de ampliar mi entorno social en esta ciudad, buscó, dada nuestra previa relación con Rumanía, alguna familia de origen rumano.
Un sábado por la tarde del mes de octubre de 1958, mis padres, antes de volver a Sankt Gallen con su coche y para quedar algo más tranquilos, decidieron ir conmigo, a casa de una de estas familias. Nos recibieron con mucha amabilidad, y estábamos hablando en rumano cuando apareció un chico, que no entendía la lengua que hablábamos, pero pescó que nosotros vivíamos en Sankt Gallen, en la Suiza alemana, y en un momento oportuno, para no interrumpir la conversación en rumano, se dirigió a mí diciéndome: ¿Sprechen Sie deutsch?. Muy sorprendida, respondí, ya (sí). Aquel chico, que me preguntó si hablaba alemán, se convirtió en mi marido y seguimos juntos desde hace 64 años. Ahora soy catalana, madre de cuatro hijos, abuela de 7 nietos y tengo 2 bisnietos.
El hecho de que mi historia y familia procedan de distintos países nos obligó a realizar largos viajes en coche, con los niños pequeños. Así, nos aficionamos a realizar algunos miles de kilómetros por Europa con remolque tienda, caravana y autocaravana. Una afición que dejamos al cumplir ochenta años.
Un lugar que me hizo sentir bien: el desierto del Sáhara, con el remolque tienda, en invierno, teniendo por techo una maravillosa noche estrellada.
Una fiesta que me trae buenos recuerdos: las celebraciones de los 25 y 50 años de matrimonio, con toda la familia y muchos amigos, aunque mi padre y mi suegro ya no estuvieron en la segunda.
Una afición para el tiempo libre: hacer vestidos por mis hijas, leer y tocar el piano.
Una canción que me gusta escuchar: el coro de los esclavos judíos de la ópera Nabucco de G. Verdi.
Una película: Ladrón de bicicletas, de Vittorio de Sica.

Con el remolque tienda por el desierto de Argelia

Con la familia en Rumanía
Cuando volví a poner los pies en Rumanía, al cabo de 36 años, una vez superada la difícil frontera, se me cayeron las lágrimas, al ver y leer la palabra pâine (pan), en una tienda.
¿En qué has ocupado tu vida?
Superada la educación secundaria, yo, de acuerdo con mis padres, habíamos decidido que fuera a Italia para estudiar Derecho, pero a consecuencia de nuestro enamoramiento, que fue rápidamente consolidado, mi familia aceptó que yo estudiara filología románica en la Universidad de Barcelona. Al tiempo que hacía la licenciatura en filología románica, reforcé mis conocimientos de francés y alemán en la Escuela de Idiomas de la Universidad de Barcelona.
Acabados los estudios en la UB, me casé en 1962, y, ya embarazada del primer hijo, recibí la propuesta de dar lecciones de Italiano en el Instituto de Cultura Italiana. Este trabajo fue siguiendo hasta que fui propuesta para continuarlo en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Previendo la posibilidad de que la Escuela Universitaria de Traducción e Interpretación se transformara en facultad, decidí realizar el doctorado, alentada por mi marido. Dos años antes de terminar la tesis, me presenté al concurso convocado por el Ministerio de Asuntos Exteriores, para convertirme en traductora oficial de lengua rumana al español, nombramiento que logré cuando ya era madre de cuatro hijos. He realizado cientos de traducciones de documentos oficiales y textos del rumano al castellano y también del español al rumano. El grado de doctor me permitió acceder a ser profesor titular de la UAB.
Puedo decir, que la labor de profesora de lengua y cultura italiana ha llenado con plenitud mi realización profesional, ¡disfrutaba dando clases! También colaboré con ilusión en el desarrollo de la Escuela Universitaria de Traducción e Interpretación y en su evolución en Facultad.
Con la experiencia de los 64 años de casada, habiendo tenido cuatro hijos, siete nietos y dos bisnietos, puedo decir que he asumido mi realización profesional y como mujer, con plenitud y total satisfacción. No creo haber sido víctima, en absoluto, de la menor segregación atribuible a mi sexo.
" Puedo decir, que he disfrutado dando clases!

En la UAB
¿Cómo has vivido los cambios sociales y culturales?
He vivido y compartido muchos cambios, tanto sociales como políticos; pero a pesar de algunas decepciones considero que el resultado global es positivo. Se ha logrado, creo, una sociedad mucho más personalista, hasta la llegada a la globalización de las tecnologías de la comunicación personal, o sea la mundialización del teléfono móvil. Las personas nos comunicamos constantemente, pero ¡qué difícil es reunirnos, encontrarnos y conseguir una base de razonamiento y de diálogo! Corremos el riesgo de caer en un pobre individualismo, a pesar de haber partido de un rico personalismo.
La generación de nuestros nietos quizá sea la más inteligente de la historia, tienen mucho espíritu crítico, pero les falta algo de resiliencia y hablan de las cosas a partir de sí mismos. Ellos son la medida del mundo.
" La generación de nuestros nietos quizá sea la más inteligente de la historia, tienen mucho espíritu crítico, pero les falta algo de resiliencia y hablan de las cosas a partir de sí mismos
¿Qué crees que era mejor años atrás?
Creo que años atrás, cuando yo era adolescente, la austeridad nos daba la sabiduría para dar mayor valor a ser que a tener; ¿acaso porque teníamos poco? Antes nos relacionábamos más con los vecinos, éramos más conscientes de ser red; también las amistades eran más generalizadas, más abiertas, mientras que ahora los lazos de amigos son más cerrados, incluso un poco excluyentes a nuevas relaciones.
Una anécdota: cuando nos casamos, hablo de 1962, vivimos en un apartamento, teníamos ocho vecinos con los que, rápidamente, establecimos una buena relación; veinte años más tarde nos trasladamos a un piso más amplio, con nueve vecinos, con los que nos saludamos muy amablemente, pero de los que, prácticamente, sólo conocemos sus nombres. Sin embargo, todavía conservamos y mantenemos la amistad con los vecinos del primer apartamento.
Soy creyente y mi fe da sentido a mi vida. Sin embargo existen otras alternativas que ayudan a encontrar este sentido. Pero todas ellas se fundamentan en virtudes humanas y básicas como el respeto, la honestidad, el valor supremo de la persona humana y el sentido de ser, todos formando parte de una comunidad igualitaria global.
¡Estos y otros valores no deberíamos perderlos! Sin embargo, el creciente individualismo, galopando en los países desarrollados tan dependientes del consumo, es antagónico con la extensión y crecimiento de estos valores, en las nuevas generaciones. Sin embargo, hay que reconocer la inestimable labor de pequeñas comunidades de gente joven, que están extendiendo la base de estos valores, por medio del imponderable lenguaje del testimonio en su entorno familiar y social.
" Creo que años atrás, cuando yo era adolescente, la austeridad nos daba
la sabiduría para dar más valor a ser que a tener
¿Y ahora qué?
No puedo negar que mi vida ha sido variada y diversa, fruto de hechos absolutamente casuales, pero de los que estoy plenamente satisfecha. Yo, profesionalmente, he logrado los máximos objetivos. Por otra parte, llevar adelante una familia de la que disfruto hasta la cuarta generación: los bisnietos. Sin embargo, las limitaciones tanto físicas como intelectuales han afectado sensiblemente a mi capacidad: ya no nos planteamos en realizar largos viajes en automóvil, como hemos hecho muchos años. Sin embargo, el sentido de mi vida se ha fortalecido: al ver con alegría la película de mi vida, y con un porvenir lleno de esperanza.
¡Gente joven, vosotros sois el futuro! ¡Las abuelas esperamos mucho de vosotros! Soy consciente de que lo tenéis difícil. Tampoco nosotros lo tuvimos fácil. Cuidad su salud, que es el tesoro, o realidad física, que la naturaleza nos ha dado; ¡sobre todo sed libres! Sed vosotros mismos, no os dejeis llevar por modas "filias o fobias", a menudo vinculadas a intereses económicos de consumo.
Buscad en serio un sentido para vuestra vida: buscar, con libertad, no implica el individualismo del yo solo, sino que ser verdaderamente libre implica saber escuchar, analizar, comparar y saber valorar el ejemplo de quienes han superado las pruebas de la vida con esperanza, y el testimonio de cómo lo han hecho.
" Sed vosotros mismos, no os dejeis llevar por modas "filias o fobias",
a menudo vinculadas a intereses económicos de consumo
Coro de los esclavos de la ópera Nabuco de G. Verdi.
El ladrón de bicicletas, de Vittorio De Sica.