
Me llamo Carme, en catalán, porque nací un 16 de julio de 1942 (día de la Virgen del Carmen), en un pequeño pueblecito campesino del Camp de Tarragona, La Canonja, en la misma casa de los abuelos donde mi madre había vivido y vivió toda la vida. Soy la mayor de seis hermanos. Vivíamos con los abuelos maternos. Cuando aún no tenía cinco años hice la Primera Comunión. Mi madre siempre decía que me leía el catecismo mientras me peinaba las trenzas. Aún no había ido a la escuela. El abuelo me enseñaba a leer y escribir por las noches mirando las primeras páginas de La Vanguardia. Mi madre, que amaba mucho la música, y había aprendido bastante, me enseñaba solfeo y una introducción al piano. Aunque, a diferencia de mis hermanos, no fui muy buena alumna, la música ha sido a lo largo de mi vida una gran compañera de la que he disfrutado mucho. Ir a cantar en alguna coral, por modesta que fuera, lo he hecho siempre que he podido y todavía lo hago.
Con cinco años empecé a ir a la escuela de mi pueblo. Como ya sabía leer, coser un poquito, hacer encaje de bolillos ...y tantas actividades, que mi madre me fue enseñando y que la escuela de ese momento fomentaba, fue una experiencia fácil en cuanto a la adquisición de aprendizajes. Mi familia ponía especial atención en nuestra formación, haciendo una programación casi monástica de aspectos básicos de la vida cotidiana como: cuidar plantas en el huerto, ayudar a la abuela a cocinar, coser, hacer ganchillo, colaborar en la limpieza de la casa...
A los nueve años dejé de ir a la escuela rural, y con mi hermano estudiábamos solos en casa, con la ayuda de un maestro que a mediodía nos daba una hora de clase en su domicilio. Me examiné de ingreso en el Instituto de Tarragona, y por tener Matrícula de Honor me dieron una pequeña beca. De momento trabajaba sola en casa con los libros de texto e iba un día a la semana a un colegio de Tarragona, hasta que las monjas convencieron a mis padres para que me dejaran interna. Fue para mí una gran suerte, tanto por los aprendizajes, como por mi interés socializador. Esto me permitía compartir con niñas de otros pueblos y también con compañeras externas.
En casa eran exigentes y poco permisivos, con una marcada convicción religiosa, en la que las manifestaciones afectivas eran escasas. Todo debía ser coherente con esos principios familiares. En cambio, el ambiente cultural en mi familia y en mi pueblo era bastante rico durante mi infancia.
Mi familia celebraba todas las fiestas anuales de carácter religioso, bastante frecuentes, de forma modesta: En Navidad con los Belenes y los Pastorets, obras muy queridas y trabajadas por los jóvenes; Castañadas y panecillos por Todos los Santos, la Semana Santa con espléndidos monumentos florales y procesiones, Pascua con magníficas monas artesanales, preparadas por las abuelas y comidas en el campo, etc., etc. No acabaría de fiestas con participación de mayores y pequeños con gran peso de las tradiciones y un gran papel de los abuelos y abuelas. Cabe remarcar que todas estas fiestas implicaban a la mayor parte del vecindario con las preparaciones culinarias y los arreglos florales y, muy especialmente, con las canciones que acompañaban cualquier celebración tanto en casa, como en la iglesia y en la calle. Eran festividades muy intergeneracionales. No puedo olvidarme de los bailes de sardanas, en muchos momentos de las fiestas y, especialmente, en las Fiestas Mayores.
Mi pueblo, antes de la guerra, había gozado de una buena actividad cultural, promovida por un buen Orfeón, una interesante compañía lírica, un buen grupo teatral. Toda esta movida dejó un buen sedimento de gusto por la música, el teatro, la literatura,... que permitió una sensibilidad a buena parte de la población, a pesar de la dureza de aquellos tiempos.
Un lugar que me hace sentir bien: muchos lugares de la naturaleza, especialmente junto al mar
Una fiesta que me trae buenos recuerdos: la fiesta de Navidad
Una afición para el tiempo libre: leer, escuchar música, coser
Una canción que me gusta escuchar: Al vent, de Raimon
Una película: Muerte en Venecia, de Luchino Visconti

Procesión del Corpus en La Canonja, antes de la Guerra

Fiesta Mayor de Invierno
¿En qué has ocupado tu vida?
Después del Bachillerato Elemental hice Magisterio examinándome por libre en Tarragona, continuando el Bachillerato Superior de Ciencias. Por primera vez gané, con o sin acierto, consiguiendo de los padres lo que yo quería hacer. Una chica, la primera del grupo de hermanos, encontraban adecuado que estudiara Magisterio, pero yo creía que me faltaba formación. Una apreciada profesora de Matemáticas y Ciencias Naturales del colegio me ayudó y así convencí a los padres de estudiar simultáneamente las dos opciones: Magisterio y Bachillerato Superior de Ciencias.
Me fui familiarizando con la docencia, ayudando a mis hermanos más jovencitos, que ya me esperaban por vacaciones y fiestas. Ellos siguieron trabajando la música, que es donde han centrado su dedicación profesional. Yo me enamoré de la diversidad, complejidad y profundidad de la vida natural, y su estudio ha sido mi pasión.
Debo reconocer y agradecer que mi familia, tan coherente con sus convicciones, aceptara que su primera hija y, además, una chica, se marchara de aquel mundo rural de los años 60 para ir a vivir en un Colegio Mayor de Barcelona, simultaneando los estudios con el trabajo y empezara a descubrir el universo cultural de la ciudad y la vida universitaria del momento. Esto me abrió la mirada a la Biología y también a los conocimientos sociales y políticos.
Realmente, a lo largo de mi vida profesional he tenido varios golpes de suerte, que he sabido intuir y aprovechar. Mientras empezaba los estudios de Ciencias Biológicas tuve la fortuna de ir a trabajar a escuelas muy innovadoras, enseñando matemáticas a niñas de tercero de Bachillerato. Aprendí mucho: pedagogía en general y especialmente la psicología y el trato con adolescentes, las didácticas específicas de cada materia y los valores que destila una buena maestra. He podido participar y trabajar, en equipos muy valiosos y queridos, en experiencias educativas que nunca habría soñado: en las escuelas donde he trabajado, en la escuela de Maestros de la Universidad Autónoma, en los Servicios pedagógicos del Ayuntamiento de Barcelona, en el Ministerio de Educación en Madrid, en el Colegio de Licenciados, en Rosa Sensat y la revista Perspectiva .
Justo terminada la carrera me casé y tuve un hijo, y ahora tengo dos nietos. Creo que no es sólo “amor de madre” si digo que gozó de muchos intereses y capacidades. Seguramente y sin ser suficientemente conscientes, le dejamos volar muy solo, quizás como él ha insinuado alguna vez. Me lo puso fácil y pareció siempre ser muy querido y estar contento con su vida. Parece que pudo superar la experiencia de tener unos padres que le regateamos tantas horas para dedicarlas a nuestra afición docente.
En verano de 1990 colaboré en acciones de cooperación internacional en Ecuador y tuve el acierto de ir a las Galápagos. Ya se puede suponer el derroche de emociones: encontrarse con una tortuga, que no podía reproducirse por no tener pareja de su especie. Galápagos es la Evolución en directo.
"Tengo que reconocer y agradecer que mi familia, tan coherente con sus convicciones, aceptara que su primera hija
marchara de aquel mundo rural para ir a vivir a Barcelona

En las Galápagos
¿Cómo has vivido los cambios sociales y culturales?
La docencia a niños y preadolescentes, a jóvenes futuros maestros y maestros en ejercicio profesional, me ha ayudado a no distanciarme de este mundo nuestro tan cambiante, y a descubrir los nuevos retos que plantea. Enseñar ha sido, para mí, mucho más que transmitir conocimientos. Ha sido una manera de mantenerme en contacto con las nuevas generaciones, escucharlas y aprender también de ellas. Cada etapa, cada grupo y cada persona me han planteado nuevas preguntas y me han obligado a revisar ideas, actitudes y formas de enseñar que quizá daba por adquiridas. Quizás ésta es una de las grandes riquezas de la docencia: mientras intentas ayudar a los demás a crecer, tú también sigues creciendo con ellos.
He podido observar, disfrutar y valorar la mucha valía que conservan, o han ido desarrollando, muchas personas mayores a lo largo de su vida. He disfrutado de buenos años de dedicación docente a alumnos en esta etapa. Intentar actualizar sus reflexiones y conocimientos anteriores sobre algunos aspectos del conocimiento actual, tan innovador y cambiante. Ver el interés que suscitaban, y que en muchos casos les servían, y querían comentarlo en opiniones y actuaciones vitales, ha supuesto un acicate para mí. Me ha exigido la actualización de mis conocimientos científicos, como la comprensión de los procesos de aprendizaje a lo largo de toda la vida. Enseñar y aprender a entender nuestro mundo, tiene un gran interés y nunca se acaba.
Sin embargo, ahora tengo la oportunidad de “hacer de abuela” de dos nietos preciosos y muy queridos. Es uno de los grandes regalos que me ha dado la vida. Acompañarlos en su crecimiento y formación y seguir su proceso de maduración durante los últimos veinte años ha sido un gran privilegio, que he tenido en esta vida y que también lo he aprovechado a muchos niveles. A través de ellos he ido viendo el voraginoso cambio de nuestro mundo y nuestro planeta. Escuchando mucho y dando la mano a hijos y nietos he podido ir siguiendo, no tanto como hubiera deseado, los cambios de nuestra sociedad. Ahora tengo que espabilar y escuchar mucho para ir entendiendo un poco hacia dónde vamos.
Hay momentos en los que tengo la impresión de que ya no soy de ese mundo. Lo pienso muchas veces a partir de mi cotidianidad: en el mercado, en el banco, en las conversaciones con amigos y conocidos, en los centros sanitarios.... Las nuevas tecnologías, que tanto me cuestan de dominar, seguramente explican buena parte de esa sensación, como el infantilismo con el que me tratan a menudo, al dar por supuesto que no es necesario que te lo expliquen ... porque "eres demasiado mayor".
A toda esta experiencia, más relacionada con mi labor profesional, quisiera añadir un breve comentario, pero imprescindible para interpretar mi vida de abuela. No me arrepentí de mi experiencia de vivir en pareja y repetí en tres ocasiones el gozo y el luto, y todo el dolor que comporta enviudar tres veces, la última bastante recientemente.
" Quizás esta es una de las grandes riquezas de la docencia: mientras intentas ayudar a los demás a crecer, tú también sigues creciendo con ellos
¿Qué crees que era mejor años atrás?
Tengo la impresión de que vivimos con mucha competitividad entre nosotros, me sorprende que incluso se den a menudo estas situaciones entre personas mayores. Tiene menos importancia "lo que dirán..." y se acepta más la diversidad, tanto en las formas de vivir, de vestir y de pensar. Se vive con poca complicidad con familiares y amigos, con mayor personalismo y poca colaboración. Nuestro tiempo personal es sagrado, y se puede perder muy poco escuchando a los demás. Siempre tenemos mucha prisa, si no tenemos un interés muy concreto.
" Se vive con poca complicidad con familiares y amigos,
con más personalismo y poca colaboración
¿Y ahora qué?
Los avances científicos y tecnológicos, las transformaciones sociales, los nuevos modelos de relación, los retos ambientales y la rapidez con que se mueve el mundo nos sitúan ante situaciones que hace sólo unas décadas habrían parecido inimaginables. Algunos de estos cambios generan desconcierto, pero quiero pensar que de ese momento tan complejo surgirán reflexiones de largo alcance, capaces de transformar las dificultades actuales en oportunidades de progreso.
Confío en las nuevas generaciones, en su capacidad de aprender de los errores, de cuestionar las ideas heredadas y de encontrar nuevas respuestas a los problemas que nosotros no hemos sabido resolver. Quiero creer que, a pesar de todas las incertidumbres, sabrán construir una sociedad más justa, más solidaria y más respetuosa con el planeta que nos acoge.
" Confío en las nuevas generaciones, en su capacidad de aprender de los errores, de cuestionar las ideas heredadas y de encontrar respuestas nuevas a los problemas que nosotros no hemos sabido resolver

Al vent | Raimon
Muerte en Venecia | Luchino Visconti